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Cuando regresé
de nuevo en Junio, te busqué por todas las partes, gritando "
Cosita, Cosita...."
Entré en el bosque, te
busqué por los jardines de la playa...
Lloraba amargamente,
más cuando apareciendo la Negrita y Rodolfo.
Tu no apareciste, y
lloré, lloré llamándote continuamente.
Pasó el verano; no
volví a saber de ti.
En septiembre, dos
meses después, apareciste ante la puerta de casa, estabas medio
muerta, con un aspecto terrible, te cogí en mis brazos, te bañé, y
te acosté donde siempre estuviste.
Rodeada de tus
muñecos, después de comer, te dormiste casi todo el día.
Yo era feliz,
mirándote, estabas a salvo, en casa.
Pero llegó la noche, y
a las doce empezaste a llorar, querías irte, yo te rogaba que no te
fueras, pero tuve que dejarte ir, salí detrás de ti, te seguí, pero
en la oscuridad de la noche entre los arbustos, te perdí.
No entendí en aquellos
momentos porque quisiste irte; pues a la mañana siguiente de nuevo
viniste a casa, y de nuevo después de comer y alimentarte, pasaste el
día durmiendo.
Pero llegó las seis de
la mañana y empezó de nuevo tu lloro de quererte ir; no entendí de
nuevo el por que.
Regresabas al día
siguiente y lo mismo.
Hasta el cuarto día,
en que las vecinas de la esquina, me avisaron que estabas en la
carretera con un bebe, y que como no podías llegar, te trajeron.
¡Dios mío, lo que
sentí!, traías a un bebe, una hijita tuya recién nacida. ¡Cómo
comprendí!, volviste a mi, casi muerta, recobrabas fuerzas y por la
noche te ibas a alimentar a tu bebe; hasta que pudiste traerla contigo
(menos mal que te ayudaron a llegar).
El bebé lo metió la
niña que la cogió en la habitación que tu siempre estabas, que daba
al jardín y estaba abierta la ventana.
Grego no quería, pero
llorando le rogué que me dejara cuidarlas.
Fueron 40 días
mágicos, tu feliz y tranquila, recuperaste las fuerzas, mientras
"Rayito de Luz", que así puse de nombre a tu hijita,
traviesa, jugaba con todo e iba adueñándose de la casa.
Era un trastillo, y
tuvimos mucho miedo de que Chica2, la hiciera algo, por que no la
aceptó como a ti, era tan pequeñita que Chica2 se tiraba para
cogerla, y ella se escondía debajo de cualquier mueble, pues su
pequeñez la dejaba correr velozmente y escapar.
Durante esos días
jamás quisiste que abriera las ventanas de esa habitación, me lo
pediste con tus ojitos llenos de miedo.
Así lo hice... pero el
día antes cuando preparábamos las maletas para regresar a Madrid, no
sé como te entendí, pero quisiste que abriera las ventanas; yo
llorando no quería....
No quería dejarte
marchar, no podía....
Pero tuve que hacerlo,
por lo que cuando comprendí, las abrí, te subiste al poyete, me
miraste intensamente, y llorando te ví partir.
Querías irte, y dejarme a tu " Rayito de Luz".
¡Cómo lloré viéndote marchar!; comprendí tu sacrificio, pero no
quería perderte; no obstante te ví alejarte camino del bosque, con
el sonido del mar al fondo. ¡Cositaaaaaaaa...!
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